DES Descentrada, vol. 10, nº 1, e296, marzo - agosto 2026. ISSN 2545-7284
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Género (CInIG)

Lecturas críticas

Lectura crítica de La Greca, María Inés y Solana, Mariela (Eds.) (2024). El discurso no es destino. Debates feministas sobre el cuerpo, la naturaleza y las ciencias. Madreselva, 296 páginas.

Valentina Caballero

Programa de Estudios Sociales en Infancias, Juventudes y Desigualdades, Universidad Nacional de Villa María, Argentina
Rocío Fatyass

Programa de Estudios Sociales en Infancias, Juventudes y Desigualdades, Centro de Conocimiento, Formación e Investigación en Estudios Sociales, Universidad Nacional de Villa María, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina
Cita recomendada: Caballero, V. y Fatyass, R. (2026). [Revisión del libro El discurso no es destino. Debates feministas sobre el cuerpo, la naturaleza y las ciencias por M. I. La Greca y M. Solana]. Descentrada, 10(1), e296. https://doi.org/10.24215/25457284e296

1. Introducción: el discurso no es destino, y la biología tampoco

“No hay lecturas inocentes” (Grüner, 2006) es una premisa marxista que el feminismo devino en acto político y nos enseñó que toda interpretación del mundo está situada en nuestros cuerpos y en los lugares que habitamos. Desde este posicionamiento, leemos las contribuciones que integran el libro El discurso no es destino. Debates feministas sobre el cuerpo, la naturaleza y las ciencias, compilado por María Inés La Greca y Mariela Solana,1 haciendo lugar a nuestras adscripciones como sociólogas e investigadoras en estudios de género, infancias y juventudes.

El libro, editado por Madreselva en 2024, se compone de ocho artículos y una introducción escrita por las compiladoras. Reúne aportes de referentes latinoamericanxs y locales, e incluye además dos traducciones realizadas por Renata Patri de textos de Donna Haraway y Karen Barad.2 Estas contribuciones posibilitan pensar los enredos entre sociedad y naturaleza, discurso y materia, sujeto y objeto, política y ciencia, género y sexo, entre otras articulaciones.

Leímos este libro en el Seminario “Hibridaciones” de la Universidad Nacional de San Martín y nos conmovió cómo logra reunir diversas aportaciones en investigaciones específicas, al tiempo que traza una genealogía feminista de larga data, incorporando las aperturas provocadas por los (no tan) nuevos materialismos. Este recorrido nos moviliza a favor y más allá de la noción de construcción social. La afirmación “el discurso no es destino” –y la biología tampoco– permite resituar un tropo clásico de la segunda ola del feminismo en escenarios actuales, para preguntarnos: “¿qué sucedería si dejamos de entender la naturaleza como sinónimo de esencialismo e inevitabilidad, y consideramos, en cambio, su capacidad de transformarse, de abrirse a lo nuevo, de intra-actuar (…) con lo que llamamos social?” (La Greca y Solana, 2024, p. 11).

Los hilos que seguimos en esta reseña parten de la propuesta de otro orden de lectura atento a los cruces que se traman en torno a la ontología, la ciencia y la política, y que se despliegan también a propósito del género, la naturaleza y la agencia. Luego, situamos estos clivajes en relación con lo que ha sido nombrado recientemente como escena postextual de la teoría (Biset, 2024), entendida como un llamado a desplazar los debates del giro lingüístico y posestructuralista, mientras posicionamos este libro en el contexto de los activismos feministas en Argentina. A modo de cierre, recuperamos nuestras valoraciones y las interrogaciones que nos incita este trabajo.

2. Zonas de implosión: feminismos posestructuralistas, queer y neo materialistas

Este libro hace implosionar feminismos posestructuralistas, queer y neomaterialistas, poniéndolos en diálogo sin caer en argumentos biologicistas ni en formas de autoridad cientificistas.

En esta genealogía feminista, Haraway aparece como un eslabón no perdido entre posiciones constructivistas y materialistas, siendo una autora retomada en ambas tradiciones. Para ella, la historicidad de la materia, del cuerpo y del discurso –en especial de la ciencia– radica en la interdependencia entre ontologías inconmensurables, orgánicas e inorgánicas, así como en su carácter artefactual, arbitrario y disputado. De este modo, lo que cuenta como naturaleza deja de ser una entidad inmutable y su exceso desborda tanto los relatos patologizantes como el utilitarismo competitivo que recaen sobre ella, así como también la naturaleza rebasa las intenciones humanas. El cuerpo biológico y sus afectaciones complejizan al cuerpo generizado y jaquean el poder performativo del discurso. Y el trabajo científico, por su parte, se vuelve tecnociencia: hecho de elementos técnicos y tecnológicos, pero también de estéticas y políticas, evidenciando su inevitable parcialidad.

Para recorrer el libro, proponemos dos entradas que se entrecruzan: figuraciones difractivas y una sola vida (Malabou, 2018). En la primera, nos valemos de la metáfora de la difracción, elaborada por Barad y Haraway, para enfatizar la productividad del conocimiento y la responsabilidad que involucra toda explicación ante las materializaciones específicas de las que formamos parte, producimos y excluimos. En la segunda, agrupamos contribuciones que aportan a la discusión de la reificación de la naturaleza, poniendo de manifiesto el dinamismo del cuerpo en sus inscripciones semióticas y biológicas.

Si bien todos los textos comparten una mirada relacional, algunos expresan críticas más contundentes a los usos residuales de la biología, mientras que otros adoptan posturas más abiertas, aunque no ingenuas.

2.1 Figuraciones difractivas: ontología, ciencia y política

Julieta Massacese, en “Curiosas criaturas: constructivismos conservadores y determinismos biológicos progresistas”, propone tres modelos acerca del lesbianismo: el de la patologización, el de la lucha política y el paradigma de la orientación sexual, que adquirió fuerza a comienzos de los años noventa con apropiaciones que asocian la sexualidad tanto con estilos de vida, como con determinaciones inmanentes.

Massacese traza una serie de ejemplos que permiten advertir la presencia de argumentos progresistas dentro de matrices de lectura biologicistas, y de argumentos conservadores en lentes constructivistas. Estos últimos se tornan reduccionistas cuando, al proclamar la metáfora de la construcción, asumen de forma automática el carácter inauténtico de lo real y la supuesta inmutabilidad de la naturaleza. Por su parte, si bien los feminismos transexcluyentes han recurrido a argumentos médicos para justificar órdenes sociales injustos –apoyándose, entre otros, en estudios provenientes de la sociobiología–, Massacese advierte que sería un error equiparar automáticamente la biología con el conservadurismo. Una vía distinta y promisoria emerge con el trabajo de Haraway y su noción de naturacultura que permite volver a interrogar la distinción entre biología y cultura. Así, una atención excesiva al lenguaje y a las inscripciones culturales o, en sentido contrario, una confianza acrítica en la autoridad científica de las ciencias naturales, tienden a soslayar las formas de agenciamiento del cuerpo sexuado y generizado. “Curiosas criaturas” no adopta un tratamiento simétrico entre estos polos, sino que insiste en leer sus consecuencias políticas y en la investigación.

En diálogo, La Greca nos interpela en “Construides y Deconstruides. Movilización feminista, humanidades y conciencia política” desde una anécdota personal vinculada al recorte de ingresos a la carrera de investigadorxs del CONICET durante la presidencia de Mauricio Macri. En este escenario, una conversación con una persona allegada le permite advertir, en principio, la desvalorización que pueden tener los estudios de género frente, por ejemplo, a investigaciones sobre el cáncer. Se pregunta entonces para qué sirven las ciencias sociales y humanas. La respuesta que va construyendo es clara: para criticar lo que se presenta como normal, y para contribuir al alivio del sufrimiento y la violencia que imponen las normativas sexo-género. Con apoyo en la teoría del punto de vista de Sandra Harding y Teresa de Lauretis, y desde la tesis de los conocimientos situados de Haraway, La Greca subraya que lo científico también es personal. Así, afirma que las operaciones de construcción y deconstrucción, iniciadas en los años ochenta, están lejos de haber concluido, sobre todo si se las sitúa en el campo de interlocución con los activismos feministas.

Resuena aquí con el trabajo interseccional de bell hooks, quien advierte que nuestra práctica científica no puede desentenderse de los objetos y afectos feministas. La Greca interroga hasta qué punto nuestras enunciaciones pueden ser comprendidas por otrxs, y cómo podemos tejer complicidades más cercanas a las personas y alejadas de las arrogancias y “novedades” academicistas.

Finalmente, incluimos en esta sección a “Est/éticas rumiantes: una interpretación materialista de la condición poshumana”, de Eduardo Mattio, quien retoma los señalamientos del feminismo poshumano de Rosi Braidotti y del materialismo sudaka y decolonial de Lucrecia Masson. En el primer caso, al pensar la encarnación, la sexualidad y la afectividad, se alude a un sujeto diferenciado y extendido, hecho de sistemas vivos heterogéneos. Esto posibilita reconocer no sólo la interdependencia con entidades no antropomórficas, sino también diversos grados de conexión, inteligencia y creatividad entre organismos. La subjetividad deja de ser un asunto exclusivamente humano y se compone de ensamblajes biotecnológicos. Esta relacionalidad trae consigo desafíos epistémicos y políticos que no se agotan en la apelación a la razón, sino que exigen escribir con el cuerpo.

Mattio recurre de este modo a los señalamientos de Masson y reivindica el trabajo desde los sentidos, los afectos y las intuiciones, para pensar con cuidado e inscribir otros imaginarios y poéticas. Este tipo de conocimiento hace lugar a las ficciones, la lentitud y la incomodidad, desde otros regímenes de veracidad que buscan reparar los daños del Antropoceno.

2.2 Una sola vida: género, naturaleza y agencia

En “El género como negatividad. Trazos heterodoxos para un materialismo queer”, Ariel Martínez repone la actividad de la materia a partir de la noción de negatividad, perturbando el lugar que ha ocupado el lenguaje en el psicoanálisis. Sostiene que lo semiótico no se reduce a una equivalencia de lo simbólico, sino que incorpora la materialidad del cuerpo –humano y ontológicamente abierto–, en sintonía con los postulados de Barad, quien subraya que el discurso desborda los actos de habla: incluye –y también restringe– signos textuales, visuales, corporales, entre otros, y configura procesos de materialización. En esta clave, Martínez discute con perspectivas correlacionistas3 y afirma que aquello que denomina pulsión del cuerpo admite una sexualidad atravesada por flujos semióticos-materiales e indomeñables por las lógicas representacionalistas de la identidad. El género, como negatividad, actúa, pero al mismo tiempo escapa a la significación humana.

Este gesto se subraya en los capítulos “Materia viva. Pensando los test genéticos del embrión a la luz del feminismo materialista” de Lucía Ariza y “Átomos queer y bacterias feministas” de Mariela Solana, quienes nos invitan a cuestionar, una vez más, la dicotomía naturaleza-cultura, desde los nuevos feminismos materialistas. Las autoras abren la posibilidad de pensar la naturaleza como un entramado abierto, contingente e impredecible, cuyo carácter agencial produce precisamente esa indeterminación.

Por un lado, Ariza aborda el problema del determinismo biológico y la domesticación de la naturaleza a partir del análisis de testimonios de profesionales médicos sobre los test genéticos aplicados a embriones para la reproducción asistida en Argentina. Este marco comprende al embrión in vitro, no como un objeto pasivo de clasificación biomédica, sino como un actante que se entrama con la acción humana pero no se pliega del todo a ella, desestabiliza los marcos reduccionistas de diferentes disciplinas. Desde este lente, el embrión excede lo humano, pues su desarrollo no puede conocerse de manera completa y sigue un derrotero singular, imposible de prever.

Por su parte, Solana explora la potencialidad de la naturaleza desde “criaturas queer”: rayos –resultados de la acción entre nubes y tierra– átomos y bacterias –con una enorme capacidad combinatoria–. Siguiendo a Haraway, busca queerizar la naturaleza para mostrar que los procesos biológicos no pueden entenderse únicamente en claves programadas. En cambio, estas criaturas se revelan como abiertas al ambiente, simbióticas, heterogéneas y transgresoras de fronteras. La autora evidencia, al igual que Barad con la noción de intra-acción, la inseparabilidad ontológica entre arriba y abajo, sentido y materia, sujeto y objeto, entre otros pares que funcionan de manera relacional.

Ambos capítulos contienden contra los discursos esencialistas que invocan “lo natural” para justificar desigualdades y violencias, ampliando el repertorio de argumentos, imágenes y figuras para imaginar mundos más vivibles. Así, la biología y las ciencias sociales y humanas, se convierten en fuentes de imaginación crítica.

Particularmente, los capítulos “Bienvenidas al club: feminismos, biología y malestar” de Renata Prati y “Sucesos placebo y antidepresivos: una conceptualización materialista no reductivista” de Lu Ciccia, exigen que las descripciones biológicas se sitúen, sin negar sus interferencias plásticas.

Prati explora las paradojas y ambivalencias de la relación del feminismo con la biología, la depresión y la medicación química. Su análisis se centra en la medicalización de los malestares femeninos, particularmente la depresión y el síndrome premenstrual. Además, examina cómo ciertos discursos tecnocientíficos configuran sentidos colectivos, identidades y comunidades en torno a la experiencia del malestar. Se pregunta, entonces, cómo comprender nuestros cuerpos y dolencias sin caer en un biologicismo determinista. Para ello, propone politizar la biología y la tecnociencia. De tal modo, plantea que las afectaciones psicológicas no pueden interpretarse de manera aislada de los contextos sociales, históricos y culturales.

En línea similar, Ciccia analiza cómo los efectos de los antidepresivos y los fenómenos placebo desbordan el enfoque lineal causa-efecto. Propone una lectura no reductivista en la que los cuerpos y los fármacos se entienden como parte de un entramado dinámico. Nuestro cerebro no es nuestra mente: la toma de la droga y activación del sistema inhibitorio no son lo mismo. En otros términos, ni la píldora es algo inerte, ni nuestros cuerpos una máquina férrea. Dicha relación implica interpretar de manera específica lo que llama suceso placebo, esto es, bajo qué condiciones, memorias, coordenadas espacio-temporales y tecnologías se producen, observan e interpretan los efectos. Así, Ciccia advierte sobre las actuaciones de los medicamentos sin reducirlas a lo químico, ni ignorar la dimensión social y política del dolor.

En todos los casos subrayamos el giro postgenómico y las actuales revisiones de las ciencias sociales y humanas, donde los estudios feministas aportan notablemente, para volver política nuestra relación con la naturaleza. Tradicionalmente, se la caracterizó por la eternización del código y la normalización del gen, y como un objeto abyecto a nuestro alcance, hoy nos preguntamos qué hay de vivo en nuestras preocupaciones por los cuerpos, la materia y el ambiente.

3. Aportes feministas a la escena viva de las teorías críticas

En un contexto de efervescencia teórica y con nuevos problemas, las autoras del libro abordan una controversia central: mientras algunas corrientes declaran agotada la figura de la construcción social, en el escenario público argentino el movimiento feminista ha insistido –especialmente desde el Ni Una Menos de 2015– en la necesidad de “deconstruirse”. Al mismo tiempo, ciertos sectores, como el feminismo radical, retoman postulados biológicos para disputar tanto concepciones fundacionalistas como enfoques puramente culturalistas del género.

En este marco, la pregunta por el lugar de la biología en los debates contemporáneos es tomada con seriedad por la compilación, que evita tanto generalizaciones teóricas como planteos descontextualizados. Los artículos reunidos muestran cómo el feminismo ha cuestionado históricamente los dualismos ontológicos y ha trabajado en torno a la materialidad del cuerpo y de los afectos. Lo ha hecho articulando tradiciones marxistas, estructuralistas, psicoanalíticas, del giro lingüístico e historicista, sin caer, como nos recuerda Sara Ahmed, en posicionamientos biofóbicos.

Basta con reconocer a otras figuras clave del pensamiento posestructuralista y queer. Así, Judith Butler (2002) postula la provisionalidad de la identidad y los límites del género como categoría exclusiva de análisis, subrayando que el proceso material de performatividad no es ni predecible ni voluntario, es decir, pone en cuestión la metafísica del sujeto y su centralidad. En esta línea, el trabajo de Paul B. Preciado (2008) conceptualiza de modo frontal sobre ensamblajes de control que actúan en cuerpos híbridos mediante tecnologías biomédicas, farmacológicas y mediáticas.

Entonces, nosotras nos preguntamos: ¿qué hay de “nuevo” en la escena que algunxs han denominado postextual? (Biset, 2024). Siguiendo a Haraway y Barad, los feminismos materialistas renuevan una relación no sustractiva con la naturaleza, concebida como activa, densa y transformable que incluye tanto actores y actantes no humanos. Esta escena también implica un desplazamiento metodológico que el feminismo sabe habitar: ampliar las descripciones, atender a los vínculos y reconocer que las narrativas tecnocientíficas son materiales, pues producen mundos y afectan cuerpos, en tiempos y lugares reales.

Lejos de ser una novedad ajena, los llamados nuevos materialismos retoman –a veces sin reconocerlo– un legado feminista que, desde hace décadas, problematiza la materia, el cuerpo y la agencia.

4. Seguir con el problema

Seguir con el problema que suscita este libro significa aprender a pensar y hacer con herencias, memorias y aperturas, desde una historia de pensamiento y praxis feminista que nos invita a investigar de manera ingeniosa.

Hemos incluido algunos de sus capítulos en una cátedra de Sociología y en un curso de posgrado que coordinamos junto a otrxs compañerxs,4 así como en la agenda de lectura de nuestro equipo de investigación. Esa circulación ha provocado una curiosidad radical en nosotras y en otrxs: ¿de qué modos estudiar “lo social” –e investigar, en nuestro caso, con jóvenes mujeres– implica también aprender sobre fármacos, átomos, genes y bacterias (queer), así como explorar nuevas estéticas en la escritura?.

Al mismo tiempo, consideramos que reconceptualizar el cuerpo sexuado y generizado, y sus relaciones de interdependencia desde y más allá de los condicionamientos socioculturales como lo logra El discurso no es destino, abre un espacio viviente para rematerializar la crítica, la narrativa científica y los repertorios de acción, “trayendo al frente” los enredos de la materia, los afectos y otras historias que importan.

Referencias bibliográficas

Biset, E. (2024). Arqueologías del porvenir. Editorial UNC.

Butler, J. (2002). Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del sexo. Trad. Alcira Bixio. Paidos.

Grüner, E. (2006). Lecturas culpables. Marx(ismos) y la praxis del conocimiento. En Borón Amadeo y González (Comps.), La teoría marxista hoy. Problemas y Perspectivas. CLACSO Libros.

Haraway, D. (2021). Seguir con el Problema. Generar parentesco en el Chthuluceno. Ven Te Veo Editorial.

La Greca, M. I. y Solana, M. (Comps.) (2024). El discurso no es destino. Debates feministas sobre el cuerpo, la naturaleza y las ciencias. Madreselva.

Malabou, C. (2018). Una sola vida. Resistencia biológica, resistencia política. Revista de Humanidades, (38), 245-261.

Preciado, P.B. (2008). Testo Yonqui. Editorial Espasa Calpe.

Notas

1 Las compiladoras y editoras son doctoras en filosofía e investigadoras del CONICET. El libro surge de las actividades desarrolladas en el marco del proyecto “Entre la materia y el discurso: una revisión de las teorías feministas a la luz del nuevo materialismo”.
2 Incluimos los capítulos “Jugar a la cuna de gato: estudios de la ciencia, teoría feminista y estudios culturales”, de Donna Haraway, y “Performatividad poshumanista: repensar la materia”, de Karen Barad, a lo largo de las reflexiones que recorren esta reseña.
3 En el debate filosófico vinculado a la perspectiva kantiana, el correlacionismo se entiende, en términos generales, como la limitación del conocimiento humano a la relación entre sujeto y objeto, sin posibilidad de acceder a una realidad independiente de dicha relación. Esta está mediada, además, por las estructuras lingüísticas que organizan nuestra percepción y comprensión. En este marco, la posibilidad de pensar la actividad del cuerpo más allá de estas coordenadas simbólicas resulta central en los aportes de Ariel Martínez.
4 Nos referimos al espacio curricular Problemas Sociológicos I y II de la Licenciatura en Sociología, así como al curso de posgrado Saberes Mutantes: feminismos, nuevos materialismos y socio-antropología en la investigación con niñxs y jóvenes, de la Universidad Nacional de Villa María.

Recepción: 27 agosto 2025

Aprobación: 03 diciembre 2025

Publicación: 01 marzo 2026



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